DESDE APURE:
LA INVASIÓN EUROPEA DE
1492, LA INDEPENDENCIA NACIONAL EN EL LLANO VENEZOLANO Y FLORENCIO JIMÉNEZ EN
GUAYABAL
Por ARGENIS MÉNDEZ
ECHENIQUE, Cronista de San Fernando de Apure.
“Nuestra historia
arranca del indígena que habitaba estas tierras mucho antes de que llegase el español, no sabemos
cuánto tiempo atrás; continuó sin interrupción durante tres siglos de la Colonia y
prosigue en la República sin solución de continuidad…”.
Eduardo Arcila Farías
(1968). Historia de la Soberbia y otros ensayos; p. 36.
¿Se deberá conmemorar
(o mejor diría, ¿lamentar?) esta importante fecha de nuestra historia, el 12
de Octubre de 1492, así como lo hacemos con el 19 de Abril, el 5
de Julio de 1811 y el 24 de Junio de 1821, principio y fin de una
etapa de la redención sociocultural de nuestro pueblo?. Alguien dirá, y con
razón, que esta fecha, el 12 de Octubre, marca el comienzo de nuestra tragedia
existencial. El producto de ese choque, Latinoamérica, la nueva entidad, ha
logrado su independencia política de los antiguos imperios ultramarinos
europeos, sin embargo, la lucha continua en el plano económico, ideológico y
filosófico; pero, ahora… contra el nuevo y poderoso imperio unipolar
norteamericano, que es más pérfido en sus intenciones.
No se puede negar que
este día, el 12 de Octubre, resalta en los anales de la Humanidad, de la Patria
Grande Americana y de la Patria Chica Venezolana, nuestra Matria. Pues, esta
fecha es memorable para Venezuela, para América y el Mundo, porque la visión de
un nuevo continente, nueva gente, nueva sociedad, nueva fauna, nueva flora,
para los europeos significó un vuelco total en su cosmovisión y concepción
ontológica; y constituyó el momento de inicio de un largo proceso de
integración del género humano. Simón Bolívar, El Libertador, ya lo anunciaba en
su famosa Carta de Jamaica (06/09/1815), cuando señaló que no somos europeos,
no somos indios, ni negros… sino un pequeño género humano, que hoy identificamos
con el latinoamericano.
Creo conveniente
recordar así también la tesis del mexicano José Vasconcelos sobre la “Raza
Cósmica”, que nacería de un gran mestizaje universal creado en América. “Surgirá
una quinta raza, la COSMICA, raza síntesis, “con la sangre de todos los
pueblos”, y (…) tendrá su asiento “en la parte ibérica del continente
americano” (Indología, 1924). Aquí entre nosotros,
el historiador nativo Luis Beltrán Acosta reconoce la certeza de Vasconcelos al
decir que “el ser humano ya es una mescla de abigarrados retazos interétnicos”
(La Verdadera Resistencia Indígena contra la Corona española, 2009: 24).
Nada de esto debe
extrañarnos, pues otros reconocidos autores, como es el caso de Leopoldo Zea,
también lo justifican al hablar de la historicidad del hombre: “la vida
humana tiene un carácter que les es peculiar, el no estar hecha sino el
de tener que hacerse. El hombre (y por supuesto, también la mujer) tiene
que ir haciéndose su vida, y la hace con los medios que su circunstancia le da.
El tener que hacerse su vida, es lo que hace al hombre un ser libre”(La
Filosofía como compromiso de liberación).
En esta misma línea de
pensamiento, el reconocido pensador venezolano Mario Briceño Iragorri
recomendaba que para existir como nación, tener patria, en el sentido pleno del
término, hay que formar a nuestra gente con sentido histórico, crearle
conciencia histórica de su devenir como pueblo, para combatir y prevenir la
distorsión de nuestros valores culturales.
Y aquí señalamos que la
añeja sentencia del filósofo judío Baruch Spinoza (1632 – 1677), tiene plena
validez: “Si deseas que el futuro sea diferente, estudia el pasado”. Es
una invitación a estudiar nuestro pasado, nuestra historia. Pero hacerlo con
verdadero sentido crítico: “hay que buscarle la quinta pata al gato”,
digo yo; con sentido de continuidad y pertinencia. Los procesos
históricos son dinámicos, cambian, fluyen…”como los ríos a la mar”.
Algunos estudiosos de
nuestra historia hablan de un proceso de nivelación social en Venezuela que
comenzó mucho antes de la época de la Gesta de Independencia. Pero habría que
pasearse por el panorama histórico de una sociedad esclavista, discriminadora,
elitesca y expoliadora como ninguna otra era la hispana colonial, dominada,
inicialmente, por un exclusivo grupo social: los blancos; y entre estos,
los blancos criollos, los famosos “Mantuanos”, que constituían la
Aristocracia Territorial Caraqueña, que es el caso venezolano, y los blancos
peninsulares. Los primeros, descendientes de los conquistadores (“Viajeros
de Indias”, según el psiquiatra –novelista 3
Francisco
Herrera Luque), dueños de haciendas, ganados y esclavos; y los segundos, los
nuevos invasores, venidos de España a detentar los cargos oficiales, de
gobierno, en nombre del Rey (a hacer fortuna, realmente, como expresó en su
momento el cronista Diaz del Castillo).
La supuesta nivelación
dentro de la sociedad colonial venezolana, estratificada en cerrados estamentos
(donde se manejaba el rígido criterio de que “vientre esclavo engendra
esclavo”), se refiere al largo proceso de mestizaje etno -cultural que
sufrimos a lo largo y ancho de trescientos años, y muy especialmente se alude a
la Real Cédula de Gracias al Sacar, suscrita el 10 de Febrero de 1795. Este
documento consistía en un arancel o tarifa donde, mediante el pago de una suma
de dinero estipulada en cada caso, se concedían licencias, dispensas y
prerrogativas a las personas que lo hubieren solicitado, incluyendo a los
pardos, que de esa manera podían aspirar al título de “don” (cuyo
supuesto significado era: “de origen noble”), que los equiparaba a los
blancos (Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Polar,
1988: I, 638).
Pero se sabe así mismo de la fuerte reticencia de los mantuanos
a aceptar esa medida real que creó serios resquemores y conflictos dentro de la
sociedad caraqueña. Los aristócratas criollos no podían aceptar codearse
libremente con alguien de menor categoría social que ellos o con descendientes
de sus antiguos esclavos. Eso era escandaloso. ¿Cuándo se había visto algo
semejante?. Recuérdese el atropello cometido por ellos contra el padre de
Francisco de Miranda, por ser comerciante, de origen canario y no español
peninsular; y además, su esposa, madre del Precursor Independentista, era
caraqueña no principal y panadera; es decir, gente del pueblo, como cualquiera
de nosotros. El estigma persiguió al Generalísimo hasta los tiempos de la
Primera República, que se perdió por las oscuras maniobras de los mantuanos
contra él.
Debemos saber, así
mismo, que los movimientos pre-independentistas en Venezuela, llevados adelante
por gente de diversa procedencia étnica, se produjeron desde los primeros
tiempos de la invasora presencia europea en nuestro continente; al respecto
existen referencias en toda América. En Venezuela, entre tantos hechos, podemos
señalar los casos de nuestro gran cacique caribe Guaicaipuro (1560 antes de la
fundación de la ciudad de Caracas),
del negro Miguel de Buría (1553, antes de la fundación de la ciudad de
Barquisimeto), del zambo yaracuyano Andresote (1731, que también hizo sentir su
presencia en Cazorla y en sus alrededores); de “La Gran Caribia” (1731 –
1744, terror de los jesuitas y gobernadores hispanos en la Orinoquia), el
alzamiento del canario Juan Francisco de León (19 de Abril de 1749, levantado
contra los abusos de la Compañía Guipuzcoana); el alzamiento del zambo coriano
José Leonardo Chirino, en 1795, queriendo implantar entre nosotros “la ley
de los franceses”; la conspiración de Manuel Gual y José María España en
1797, con su proyecto reivindicativo de los grupos étnicos marginados y donde
estuvo implicado nuestro admirado Robinson (Don Simón Rodríguez), y las
tentativas de invasión promovidas por Francisco de Miranda, en 1806. Sin
olvidar innumerables intentos dados en otras latitudes de América, como los
casos de los comuneros de El Socorro, en la Nueva Granada, y el del famoso inca
Tupac Amaru, en el Perú, en el último cuarto del siglo XVIII, cuyo nombre se ha
convertido en los tiempos actuales en un símbolo de lucha contra la opresión
imperialista.
Así como el 12 de
Octubre de 1492 es, para nosotros, una fecha de recordar oprobios, podríamos
decir que existen innumerables momentos estelares en nuestra historia
referentes a la lucha por la libertad y la igualdad, sobresaliendo dos en
nuestra memoria colectiva: El 19 de Abril de 1810, cuando en el cabildo
caraqueño se inicia el movimiento de emancipación contra la España Borbónica
sometida y execrada por Napoleón Bonaparte; y el otro momento crucial es el del
5 de Julio de 1811, cuando se declara formalmente la independencia
política de Venezuela contra el finisecular Imperio Español, tal como lo recoge
el documento genésico que le daría categoría de Estado libre y soberano a
nuestra nación.
Sabemos que ese
esfuerzo inicial se perdió y fue necesario que surgiese un nuevo conductor de
pueblos y se diese la llamada Campaña Admirable, la Segunda y la Tercera
República, las Campañas del Centro, de los Llanos, la de Nueva Granada, la de
Carabobo y la del Sur que culminó en Ayacucho. Más de veinte años de lucha. El
nuevo líder se encarna en la figura del caraqueño Simón Bolívar, quien mereció
por su obra redentora que se le otorgase el título de LIBERTADOR, que él
valoraba más que cualquier otro. 5
Y
como para que no se olvide, este año estamos celebrando el Bicentenario de la
proeza libertaria conocida como Campaña Admirable, punto de partida a la gloria
de Bolívar.
Otro hito referencial
en este camino de lucha por la libertad es el 15 de Febrero de 1819,
momento en que el numen de Bolívar se eleva inmarcesible hasta las cumbres de
la gloria para pronunciar su famoso Discurso de Angostura, preludio de
la creación de la gran república de sus sueños: Colombia, nombre que
tomó del viejo proyecto mirandino de crear un solo país con todas las regiones
integrantes del mundo hispanoamericano. Bajo este nombre se cobijaron,
inicialmente, tres grandes porciones territoriales del antiguo imperio español:
Venezuela, Nueva Granada (que incluía al Istmo de Panamá) y Quito (Ecuador).
Con esto, que parece lo
ignoran algunas personas, estoy señalando que el término “Colombia” fue
creación de dos venezolanos: Francisco de Miranda y Simón Bolívar. Porque,
aunque resulte paradójico, al Gran Almirante le fue escamoteada la gloria de
que nuestro continente llevase su nombre.

