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25 de octubre de 2014

Abril: Mes Nefasto Para Los Hombres de Letras



ABRIL HA SIDO NEFASTO EN EL PLANO FÍSICO
PARA LA INMORTALIDAD DE LOS  INTELECTUALES
Por: Argenis Méndez Echenique.
      
 En el mes de Abril de cada año la naturaleza se prepara para su floración primaveral, pero, apartando cualquier concepción supersticiosa,  parece ser una época negativa para la vida de quienes cultivan las letras,  aún cuando muchos de ellos han trascendido a la inmortalidad intelectual . Por lo menos así lo percibimos desde nuestra atalaya apureña, y hemos elaborado una apretada síntesis representativa de tal circunstancia.

       Haciendo una rápida revisión (no exhaustiva, por supuesto), encontramos en nuestra excursión cronológica los siguientes datos: 

       El 23 de Abril de 1616, fallece, en Madrid, MIGUEL DE CERVANTES Y SAAVEDRA, el autor de la piedra angular de la literatura castellana, conocida como Don Quijote de la Mancha; y ese mismo día, mes y año, muere en Londres, WILLIAM SHAKESPEARE, pilar fundamental de las letras anglosajonas (Hamlet, Romeo y Julieta, entre otras). De allí que la UNESCO seleccionara en 1930 esta fecha para conmemorar el Día Internacional del Libro y del Idioma.

       Eso lo decimos para iniciar nuestro periplo necrológico. En épocas más recientes (siglos XX y XXI), y refiriéndonos a nuestro continente, a Venezuela y a Apure, podemos señalar un pequeño muestrario de relevantes figuras de nuestra intelectualidad.

       El 22 de Abril de 1939, falleció en Caracas, el Dr. JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ OSTO, autor de la primera (inédita) historia de Apure, producto de su acuciosa investigación en los repositorios documentales caraqueños (Archivo General de la Nación, Archivo Arquidiocesano de Caracas, Academia Nacional de la Historia). Es el epónimo de la Biblioteca Central de la Red de Biblioteca Públicas de Apure.

       El día 04 de Abril de 1969, ocurre el deceso de Don RÓMULO GALLEGOS, inmortalizado en las letras castellanas con su novela Doña Bárbara, que va a catapultar el escenario apureño al primer plano, siendo catalogada la obra como “La Biblia del Llano”.

       El 25 de Abril de 1976, fallece el poeta y humorista caraqueño AQUILES NAZOA, producto de un fatal accidente de tyránsito en la Autopista Regional del Centro (ARC); Aquiles estaba casado con la apureña María Laprea Sifontes, con procreo varios hijos: Atamaica, Claudio.

       El 25 de Abril de 1987 cumple su ciclo vital, en Caracas, el novelista y poeta apureño JOSÉ VICENTE ABREU, autor de numerosas obras (traducidas a varios idiomas), entre las que destacan Se Llamaba SN, Manifiesto de Guasina, Cuatro Letras, Toma mi Lanza barrada de plata,, Palabreus, Camarada Paloma,, entre otras producciones. La Bienal Literaria que se realiza en Apure lleva su nombre: escritores de renombre nacional, como Camilo Balza Donatti, Julio Rafael Silva, Eduardo Mariño, han sido galardonados en la misma.

       El 22 de Abril de 1988, exhala sus últimos suspiros, en Maracay, el excelso poeta y cronista apureño JULIO CÉSAR SÁNCHEZ OLIVO, nativo del legendario Cajón de Arauca, principal fuente de inspiración para sus versos sabaneros:

Aquí estoy llanura mía,
Como siempre, siendo el mismo,
Cantando golpes llaneros
Sin ponerles más aliños
Que la pimienta del alma
De un llanero bien nacido.
Soy hermano del mastranto,
Del turpial y del Cubiro,
Me basta mi propio aroma
Y también mi propio trino…

       En Abril de 1990, falleció en Caracas, ROSITA CESTARI FINAMORE, sempiterna promotora cultural a través de la desaparecida (2013) radioemisora “La Voz de Apure”.

       Y ahora, el pasado jueves 17 de Abril de 2014, se despide de este mundo terrenal el famoso “Gabo”, GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, proyectado a nivel universal a través de sus escritos sobre el mundo real maravilloso latinoamericano, fundamentalmente Cien Años de Soledad, que nos retrotraen a las fantásticas narraciones de nuestro conterráneo Antonio José Torrealba, en su Diario de un Llanero. 

       Así, gente de nuestro Apure estuvo en contacto directo con el “Gabo”; pues cuando en los años 80 del pasado siglo el intelectual  colombiano preparaba su controvertido libro El General en su laberinto (1989), era asiduo contertulio de nuestro ya desaparecido amigo Vinicio Romero Martínez, su esposa Carmen y de la poetisa Solange Vivas de Cimarosti, de la cepa “Vivera” de San Rafael de Atamaica,  prodigándole merecidos homenajes al escritor, como fue reseñado en la prensa nacional de la época. Allí. Vinicio le aclaró a García Márquez que Simón Bolívar no llegó a comer mangos en su niñez ni juventud, como pretendía el escritor, debido a que esta fruta, de origen índico, hoy tan abundante y aclimatada en nuestro medio, no fue introducida en nuestro país hasta los años 40 del siglo XIX, como lo señala Agustín Codazzi.

       Como es de observar  en nuestro corto muestrario, parece ser, repetimos, que el mes de Abril es fatídico en el plano físico para los representantes del Mundo de las Letras, aún cuando hayan trascendido su tiempo y espacio.


San Fernando de Apure, 23 de Abril de 2014.

19 de octubre de 2014

El Llano de Doña Bárbara




EL LLANO DE DOÑA BÁRBARA
(Aproximación a un estudio histórico - literario de la novela “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos)

Charla ofrecida en Conversatorio efectuado en el Museo Alberto Arvelo Torrealba, de la Ciudad de Barinas, el jueves 22 de mayo de 2008

Reconozco que el tema es un poco delicado y mucho mi atrevimiento al venir ante ustedes a hablar del mundo vivencial y telúrico de Doña Bárbara. Así que comenzaré mi exposición citando a un eminente intelectual barinés compenetrado con su Llano como lo fue Orlando Araujo, quien en uno de sus trabajos precisa los términos del manejo que hizo Don Rómulo Gallegos del escenario llanero en Doña Bárbara:
Nuevo sentido del paisaje. Hay en Gallegos un nuevo sentido o visión, o colocación del y dentro del paisaje y la naturaleza; en primer lugar, un alejamiento del paisaje virgiliano (Geórgicas) ofrecido en combinaciones de ciudad y campo
(Caracas y sus alrededores de litoral y haciendas). Reinaldo Solar y La Trepadora rinden, todavía, tributo a esa tradición que se rompe en Doña Bárbara, donde el paisaje ya no es naturaleza amansada sino tierra abierta y salvaje. Así el paisaje deja de ser estático marco de romances y costumbres, para incorporarse como factor dinámico de lucha, como personaje.
Se abandona el detallismo nativista y se ofrecen grandesconjuntos o masas narrativas mediante una técnica de selección simbólica” (“Doña Bárbara ante la Crítica”).

De aquí se deduce, que para hablar del Llano de Doña Bárbara es necesario saber que en este tema se deben enfocar varios aspectos: el geohistórico, el sociológico, el psicológico y el literario, entre otros siempre con criterio de globalidad, puedo decir que el Llano es un mundo aparte, diferente. Apure, en mi concepción, lo es, aún dentro del mismo Llano. Siempre he considerado que Apure es un mundo totalmente distinto al resto del Llano y a Venezuela. Su sociedad y su tiempo tienen un ritmo y condiciones de marcha diferentes a las del resto del país, debido a que su geografía, su hábitat y su gente tienen una idiosincrasia muy particular, muy propia.

Sin caer en odiosos etnocentrismos al hablar de la “apureñidad”, debemos decir que es como señalar la identificación de sus habitantes con la región llanera del territorio venezolano conocido como Apure, la tierra de Doña Bárbara y Santos Luzardo. Barbarie y civilización.

¿Qué lo hace diferente?. Su geografía sin cerros, con grandes extensiones de sabanas, cruzadas por caudalosos ríos que discurren de oeste (arriba) a este (abajo) hacia el Orinoco, bordeados de bosques de galería. Con población aborigen nómada, trashumancia impuesta por las estaciones del año.

Los primeros centros urbanos organizados a la manera española fueron conformados con población indígena, por los misioneros religiosos capuchinos andaluces, aportadores de nuevos elementos culturales, reses y caballos, instrumentos musicales de cuerda, cantos y romanceros populares de sus tierras de origen, que amalgamados con los talentos nativos y algunos afroamericanos llegados luego forjaron el joropo, la tonada y el contrapunteo, ayudando a mitigar la soledad y la fatiga de la faena diaria del llanero apureño en un horizonte preñado de infinitud.

Es así como podemos interpretar este proceso sociocultural con las palabras de una calificada antropóloga venezolana contemporánea:

“La identidad cultural de las nuevas sociedades mestizas estuvo determinada,
cualitativa y cuantitativamente, por el carácter específico de la base social
aborigen, por la herencia cultural de cada pueblo. El factor de unidad general
de dichas sociedades radica en el encuadre común: político, administrativo,
económico, religioso, etc., que significó el régimen colonial español” (VARGAS
ARENAS, 1993: 51).

Nuestra historia reseña que existía en la época colonial española laprohibición de penetrar y asentarse en el territorio apureño, sin embargo San Fernando de Apure fue fundada por Don Fernando Miyares en 1788 con doscientos vecinos de origen europeo que residían en sus alrededores (recuérdese la vieja costumbre colonial indiana de “se acata pero no se cumple”). Esto da una idea de la forma como se dio la ocupación de este territorio, que nuestra paisana Yarisma Unda llamaría “espacio de refugio”, para quienes escapaban de la represión real española, sin importar el origen étnico de los fugitivos. Así mismo da idea del proceso de mestizaje que originó al llanero apureño, en apenas un corto lapso de cuarenta años de vida colonial que va de la séptima década del siglo XVIII a 1810.

Es conocido que la irrupción del llanero en la historia venezolana y continental se dio de manera violenta, a lomo de caballos y a punta de lanzas, primero con el implacable Boves, que acabó con la república mantuana de nuestros inicios autonómicos, luego con las heroicidades del catire Páez, que
hicieron posibles las campañas redentoras y libertarias del Gran Bolívar, forjando bizarramente la epopeya de la Patria Grande en su glorioso paso de los Andes, Boyacá, Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho. Allí estaban en primera fila los apureños. Sin embargo, la consolidación de su personalidad como pueblo se va a ir decantando a través del tiempo, de los vínculos de
identidad, pertenencia y reconocimiento, con alto contenido simbólico, fundamentalmente en el transcurso de los siglos XIX y XX. Historia, tradición y costumbres son el sustento de la apureñidad. Ese es el Llano de Doña Bárbara.

Un estudioso contemporáneo de la realidad llanera, habla de manera bastante objetiva del tema:
“Las formas culturales que encontraron asiento en el Llano antes del advenimiento de la moderna civilización del consumo, aunque diversas entre sí, muestran algo de común, en tanto que ninguna de ellas, incluida la establecida a partir de la conquista española, participa de las actitudes típicas que
caracterizan la relación del hombre contemporáneo con la naturaleza. Por este motivo, unido a otros que ya antes hemos mencionado, el paisaje llanero permaneció básicamente el mismo, sin alteraciones fundamentales, por espacio de cuatro siglos contados a partir de la llegada de los primeros europeos…”(PINTO SAAVEDRA, 2007: 25).

Y más adelante el mismo autor expone: “El paisaje llanero, por siglos ha permanecido sin amo ni señor y el hombre aquí se ha visto abocado a hacer su historia al mismo tiempo que se empeña en dominar una naturaleza áspera y rebelde que, no obstante, le ha dictado ella misma los medios con los cuales imponerse victoriosamente a sus obstáculos” (Ob. Cit.: 76).

Sánchez Osto, uno de nuestros estudiosos más profundos de la idiosincrasia apureña señalaba ((1980: 22): “El poblador de las sabanas a donde se fue el descendiente fusionado del primer ocupante con el vernáculo, tuvo que ser por necesidad es el llanero primitivo diseminado con los primeros vobinos: tipo surgido en un medio hostil, en el seno inclemente de la Zona Tórrida, entre ríos caudalosos, pantanos o rebalses inmensos, o sequías pavorosas según las estaciones, animales feroces, peligros inauditos, productos exuberantes como aquella naturaleza, llegó a ser necesariamente el señor de las llanuras de Venezuela”.

Según el criminólogo venezolano Gómez Grillo (2000: 39): “El Llano supone una subcultura regional. La familia Luzardo - Barquero corresponde a una modalidad subcultural desprendida de aquella […]. El parámetro subcultural es evidente en todo el proceso conductual de los personajes de “Doña Bárbara”. Pero el sabio criminólogo la mira como una verdadera “Subcultura Delictiva”.

Sin embargo, el Maestro Gallegos consideraba, al hablar del Llano de Doña Bárbara, que era como identificaba a Apure, según Adolfo Rodríguez (1979.:6), 

 “El Llano es la tierra de Dios” y -agrega luego que Gallegos en un discurso pronunciado en La Habana en 1949- lo reafirmó enfáticamente: “Tierras del hondo silencio virgen de voz humana, de la soledad profunda, del paisaje majestuoso que se pierde de no ser contemplado… Tierras del Llano infinito donde el grito largo se convierte en copla…”

La descripción del llano apureño que hace el maestro Gallegos es un vivo canto a su naturaleza bravía:
“El Llano enloquece y la locura del hombre de la tierra ancha y
libre es ser llanero siempre. En la guerra buena, esa locura fue
la carga irresistible del pajonal incendiado, en Mucuritas, y el
retozo heroico de Queseras del Medio, en el trabajo: la doma y
el ojeo que no son trabajo sino temeridades; en el descanso: la
llanura en la malicia del “cacho”, en la bellaquería del “pasaje”,
en la melancolía sensual de la copla; en el perezoso abandono:
la tierra inmensa por delante y no andar, el horizonte todo
abierto y no buscar nada; en la amistad: la desconfianza al
principio, y luego la franqueza absoluta; en el odio: la
arremetida impetuosa; en el amor: “primero mi caballo”. ¡La
Llanura siempre!” (2005: 93).

27 de agosto de 2014

APUREÑIDAD. IDENTIDAD E IDIOSINCRACIA LLANERA



 

“Al hablar pues, de americanidad…,
quiero hablar de aquellas cualidades espirituales,
de aquella fisonomía moral-mental, ética, estética
y religiosa-  que hace al americano americano”
Miguel de Unamuno.
       
 Como es de deducirse, la presente exposición es una elemental aproximación al tan polémico tema de la identidad, que en este caso está referido a un grupo poblacional muy particular, el llanero apureño, cuya actuación puede delimitarse espacialmente diciendo que ocupa la parte más baja de la gran depresión central de Venezuela, ubicada al oeste del curso del Orinoco Medio, de donde nutre su caudal con aportaciones de sus innumerables afluentes que bajan de las estribaciones andinas. Es decir, la Cuenca Hidrográfica del Orinoco en la sección correspondiente a las tierras planas conocidas como Llanos de la Orinoquia Venezolana.
 Este intento de aproximación se hace considerando una concepción socio-filosófica de los valores. Hoy, en un mundo globalizado, podrá parecer anacrónico hablar de gentilicios o pertenencia a un grupo de personas con rasgos culturales similares que habiten algún lugar determinado del planeta y unidas por un pasado común; pero se debe tener bien claro que esa aludida globalización no funciona igual para todos los seres humanos. Sin embargo, “…globalización e identidad parecen los dos elementos definitorios –o al menos dos de las más importantes claves de interpretación- de este comienzo del siglo XXI, como ya lo fueron de la última década del siglo anterior” (Lucas, 2003: 11-12).


 Esa universalización en la comunicación, en el conocimiento y en los intereses es privilegio de las élites que manejan los grandes consorcios económicos internacionales. Y es sabido que el gran capital no tiene patria, manejando, en todo caso, el concepto de “Ciudadano Cosmopolita”, que es como decir “Ciudadano de ninguna parte”. La identificación con una región, con un pueblo, según la modernidad, supuestamente corresponde a una concepción primaria y simplista de la identidad y es característica de quienes viven apegados a las pequeñas cosas del quehacer cotidiano de su comunidad y de su país, compartiendo angustias, penalidades y alegrías.
      
 Según los expertos, “la globalización hunde sus raíces históricas en la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética, y teóricamente en los postulados de Francis Fukuyama, donde se proclama al neo capitalismo panacea universal, pasando el mercado, el capital y la movilidad financiera a actuar de manera omnímoda, arrasando gobiernos, naciones, regiones, culturas, modos de vida y de paso a las noveles democracias latinoamericanas que se han convertido en la práctica en cuasi marionetas de los dictados y recetas del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y del Banco Interamericano de Desarrollo (Cortez Lutz, 2005). Por ello se debe entender que “lo que se universaliza, lo que no tiene frontera, es el tráfico de mercancías; mejor, el flujo de caudal financiero” (Lucas, Ob. Cit.: 35).
      
 Y se señala acertadamente que la mencionada globalización es la mundialización de un sistema económico donde los grandes financistas buscan para sí la conquista de riquezas, actuando de manera egoísta y monopólica, por lo que de ninguna manera puede la mencionada globalización contribuir a mejorar las condiciones intelectuales y calidad de vida de las personas o de los pueblos. “El proceso de globalización imperante queda lejos del universalismo como idea regulativa heredada de la Ilustración, o mejor, del estoicismo a través del humanismo y de la Ilustración”, según el ya citado Lucas (Ob. Cit.: 34).
      
 En la autorizada opinión de Cortez Lutz, el mundo ha sido partido en dos grandes sectores:


1- Una gran masa de personas en graves niveles de pobreza, que es la inmensa mayoría e identificada con los llamados “explotados hijos de la tierra”. Y


2- Un segundo grupo, más pequeño, una selecta élite, que goza de riquezas, confort, poder y modernidad. A lo que hay que agregar el dominio del pensamiento que tiene este círculo privilegiado, para quienes opongan una opinión crítica o una reflexión no acorde con la línea de la globalización, son condenados y criminalizados.
      
 Ahora, según estos especialistas, para hablar de identidad nacional, regional o local se hace necesario conocer “un instrumental teórico- conceptual capaz de generar análisis, observaciones, síntesis, deducciones y conclusiones” (Sánchez Manzano, 1986), que permitiría elaborar un estudio que recoja el proceso de apropiación consciente o no de rasgos culturales por parte de una determinada colectividad, de una manera continua y dinámica y que permita diferenciarlo de otros.


Unamuno opinaba que el propósito de conformar una identidad propia implica un largo camino donde “sea yo más yo cada día, tu cada día más tú” para lograr mejor “compenetrar nuestras almas que si me empeño en modelarme a tu imagen o en modelarte a la mía” (2002:10).


 Sin caer en odiosos etnocentrismos, en nuestro propósito de hablar sobre “apureñidad”, que es como señalar la identificación con el sector llanero del territorio venezolano conocido como Apure habría que preguntarse, como bien señala el mismo Unamuno: ¿Somos una nación?, ¿el pueblo llanero es un pueblo diferente al resto de Venezuela?.
      
 Según Lucas (Ob. Cit.: 20-21), hay que entender la Identidad como la “permanencia y el cambio, lo propio como dado y lo propio como adquirido, como aquello construido por el esfuerzo del sujeto que así se esculpe a sí mismo según el ideal de autonomía”
      
 Teniendo ya entendido este concepto, pasamos a hacer un poco de historia. El Llano es uno solo, desde el Casanare hasta el delta del Orinoco, unos 600.000 kilómetros cuadrados aproximadamente; pero cada una de sus partes constituyen un mundo diferente. Cada una de ellas tiene sus particularidades. El tiempo de convivencia crea fuertes nexos de identificación y conciencia de su existencia. Y es así como nos preguntamos: ¿Cuándo, cómo, dónde y porqué aparece el llanero apureño?.